Ratas husmeadoras en la lucha contra el contrabando de vida silvestre

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Durante siglos, los sabuesos y otros perros rastreadores han ayudando en la búsqueda de criminales, pero cuando el espacio es reducido, las “ratas rastreadoras” de África podrían ser perfectas para el trabajo.

En un campo de entrenamiento, en el corazón de Tanzania, una brigada de pequeñas tropas husmeadoras está siendo adiestrada para combatir el tráfico ilegal de vida silvestre. Con un peso de poco más de un kilogramo, varias ratas de abazones gigantes africanas están recibiendo un entrenamiento intensivo en la ciudad de Morogoro, al oeste de Dar es Salaam.

Con la ayuda de plátanos, mantequilla de cacahuate y otras deliciosas golosinas, las ratas aprenden a detectar la presencia de animales silvestres y productos de madera ilegales, escondidos en barcos de contrabando, que salen de los principales puertos de África con destino a los clientes de Asia, Europa y otros lugares.

Su arma más importante es su excelente sentido del olfato. Adicionalmente, se les puede atar una pequeña cámara a la cabeza mientras trabajan. En principio, las ratas pueden ser entrenadas para olfatear casi cualquier cosa, desde explosivos de TNT hasta rastros tempranos de enfermedades en humanos.

Su otra ventaja principal es su tamaño. A diferencia de los perros rastreadores, las ratas pueden introducirse en espacios muy reducidos, como contenedores de transporte llenos de madera noble ilegal, escondida debajo de otros productos para despistar a los funcionarios de aduanas.

Miles de millones en delitos ambientales

Según estudios realizados por la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el comercio ilegal transfronterizo en el sector del medio ambiente genera un volumen de negocios de entre 56.000 y 170.000 millones de euros (70.000 y 212.000 millones de dólares) al año. Esto incluye el comercio de madera procedente de la tala ilegal, productos de origen animal, pesca ilegal, minería no identificada y el vertido de residuos tóxicos.

Hace poco más de un año, Endangered Wildlife Trust (EWT), una organización medioambiental dedicada a la conservación de especies y ecosistemas vulnerables, con sede en Sudáfrica, anunció una cooperación con Apopo en un proyecto piloto destinado a detectar muestras ilegales de pangolín y madera.

Varias de las ratas ya han completado la primera fase de un exigente programa de entrenamiento, según Cindy Fast, directora del laboratorio de pruebas en Morogoro de Apopo, aunque admite que ha habido retrasos por problemas en la obtención legal de escamas de pangolín para entrenar a los roedores.

No obstante, las ratas están trabajando duro, aprendiendo a identificar y “señalar” la diferencia entre la madera de ébano africana y hasta otros 18 artículos que se utilizan normalmente para enmascarar su olor en el transporte marítimo, como granos de café y textiles.

Escuela de ratas

Pero, ¿cómo se enseña a una rata a identificar un objeto determinado que se está buscando y, al mismo tiempo, a dar una señal de aviso a un cuidador humano? Aquí es donde entran en juego los plátanos y la mantequilla de cacahuate, según explica Fast.

El entrenamiento comienza a una edad muy temprana con las crías de rata. Primero, tiene lugar un proceso de socialización con un cuidador durante una o dos semanas, antes de que las crías sean destetadas de sus madres a las seis semanas.

En la primera fase, se utiliza un método de “entrenamiento con clicker”, en el que las ratas jóvenes aprenden a asociar una recompensa alimentaria con el sonido emitido por un dispositivo metálico de clicker, sostenido por el entrenador.

Los entrenadores observan de cerca a las ratas mientras corren a través de una cámara de vidrio construida a medida. En el interior, hay una larga bandeja metálica con diez compartimentos separados, que contienen varios objetos que deben ser identificados. A través de pequeños orificios en la bandeja, las ratas pueden olfatear el objeto que deben reconocer.

Durante las primeras etapas del entrenamiento, se colocan muestras en algunos de los diez compartimentos, incluyendo muestras de escamas de pangolín o maderas preciosas como el ébano.

“Las ratas son entrenadas usando un principio estándar de aprendizaje y modelaje del comportamiento, por el cual el comportamiento se refuerza con una experiencia positiva” cuenta Fast. “Para nuestras ratas, la experiencia positiva consiste en una sabrosa recompensa alimenticia”, aclara.

Para obtener la recompensa, hay una pequeña abertura en la vitrina, que permite al entrenador dar la golosina a la rata a través de una cánula.

“Una vez que las ratas aprenden a acercarse confiadamente al orificio de alimentación después de sonar el clicker, comenzamos a moldear su comportamiento dentro de la cámara de entrenamiento”, continúa Fast.

“Gradualmente introducimos olores no deseados en los agujeros. Las ratas inicialmente detienen la nariz en estos orificios, pero cuando no reciben recompensa por este comportamiento, poco a poco aprenden a concentrarse en los olores, que van acompañados de un resultado positivo”, explica Fast.

Algunos de los roedores también han sido entrenados para raspar en el suelo con las patas con el propósito de proporcionar una señal visible a su colega humano, en el caso de haber encontrado uno de los olores buscados.

Pero pasará algún tiempo antes de que estos pequeños husmeadores puedan identificar cuerno de rinoceronte. “Es demasiado pronto para especular sobre cuándo podremos detectar este tipo de contrabando”, dice Fast. “Antes de diversificar nuestras actividades, tenemos que completar el laboratorio actual, además de realizar prácticas simuladas para comprobar que todo funciona”, añade.

“Dependiendo de los resultados, podríamos realizar ensayos en un entorno real sobre el terreno. Esto podría tomar hasta cinco años y debe mostrar resultados prometedores para que sea razonable ampliar el trabajo de investigación a otros artículos de vida silvestre”, explica.

Cascos con cámara

Según Adam Pires, portavoz de EWT, la cooperación con los funcionarios de aduanas también es muy importante. Ésta es la única manera de simular los aspectos prácticos de la vida real cuando se realiza una búsqueda en puerto.

“Hasta ahora, las ratas han demostrado con creces su capacidad para detectar olores. No tengo ninguna duda de que este experimento tendrá éxito, pero el gran reto consistirá en establecer la forma en la que indiquen un descubrimiento sospechoso”, dice Pires.

Una propuesta es equipar a las ratas con pequeñas cámaras, que transmitan una señal en vivo que pueda ver un ojo humano.

Si realmente funciona, los contrabandistas de vida silvestre tendrán que encontrar guaridas y métodos completamente diferentes para cubrir sus huellas. Autor: Tony Carnie-DW

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