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Ollanta Humala y Alberto Fujimori, dos expresidentes peruanos actualmente en la cárcel.

Los peruanos, en una aplastante mayoría, estamos hastiados de tantos y tantos delitos continuos que se cometen a vista y paciencia nuestra. No hay día que no se conozcan escándalos que desmoralizan a la población y que, a su vez, deslegitiman a la mal llamada clase política.

Que existan, por el momento, dos expresidentes y una ex primera dama en la cárcel, así como funcionarios del gobierno central, presidentes regionales, alcaldes y regidores, procesados o prófugos, avergüenzan a toda persona de bien. También indignan los empresarios prófugos y otros que, gracias a la presión social contra la corrupción y la impunidad, solo esperan que la policía toque sus puertas.

Tanto como han afectado nuestra economía, han dañado las bases de nuestros valores éticos, lo que en si ya es, aunque parezca redundancia, una enorme desgracia. Pero, los gobernantes, sus funcionarios y los pésimos empresarios siguen actuando como si no hubieran cometido delito alguno. Y es que saben que la ley solo existe para violarla o para pasarla por alto.

Mientras tanto, los politicastros, listos para asaltar las arcas fiscales, con renovados bríos, se buscan, se arrejuntan “política” y convenidamente, repartiéndose, desde ya, los cargos, cuidando en privilegiar a los familiares y amigotes.

Pero ¿qué rol jugamos los ciudadanos? ¿Volveremos a olear y sacramentar las componendas de aquellos que ya comenzaron a autoproclamarse como los únicos llamados a resolver los problemas del país? Jesús Véliz Ramos

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