zzzxsaEl famoso gánster estadounidense Al Capone, en los años 30 del siglo pasado, hizo la siguiente declaración periodística: “Hoy en día, ya la gente no respeta nada. Antes, poníamos en un pedestal la virtud, el honor, la verdad y la ley. La corrupción campea en la vida americana de nuestros días. Donde  no  se  obedece  otra  ley,  la  corrupción  es  la  única  ley.  La  corrupción está  minando  este  país.  La  virtud,  el  honor  y  la  ley  se  han  esfumado  de  nuestras vidas”.

Al Capone añoraba a su “antes”. ¿Qué diría de nuestro hoy? Él fue el criminal más importante de Chicago y, en esa condición, conoció muy bien a los más poderosos políticos estadounidenses con quienes pactó a favor de sus actividades delictivas como contrabandista de alcohol, falsificador de dólares y narcotraficante. Él supo, pues, de qué pie cojean los políticos.

Desde entonces, han transcurrido muchos años y la sociedad toda, patas arriba, va cuesta abajo, debatiéndose en una profunda crisis. Los políticos corruptos -que siempre se amnistían y/o indultan mutuamente- están a la orden del día, recibiendo el apoyo popular, engañando sin piedad al prójimo. A estas alturas, muy febrilmente, siguen estafando por doquier, cazando a incautos por calles y plazas. Moviéndose en sus submundos licitan de antemano, previa coima, las obras públicas, tan igual como los delincuentes comunes venden, a precio vil, el botín de sus fechorías.

¿Por qué, en el caso de Huancayo, la Incontrastable languidece ante la indiferencia mayoritaria de su gente?

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