Patas arriba

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Nuestro mundo está al revés. Está patas arriba. Y en Perú de igual manera, solo falta que llueva para arriba o que los ríos discurran en sentido contrario. Proteger el sistema injusto y el dinero es más importante que la vida del niño, la familia, las comunidades y el planeta.

Correspondientemente, en nuestro país está a punto de ser elegida, como presidenta de la República, doña Keiko Fujimori, mujer única en nuestro medio que jamás conoció un centro laboral porque nunca trabajó. Es esposa de un norteamericano cuyo padre fue condenado por evasor de impuestos conjuntamente con su hermano Anthony, su hermana Concetti y el esposo de ésta, quienes se declararon culpables en una corte de New Jersey. Si esos son los antecedentes de la familia del esposo (quien con la Fujimori también están siendo investigados por la Fiscalía de la Nación del Perú), la candidata también tiene lo suyo, y muy propio: en el almacén de la empresa de su hermano Kenji, cuyo gerente es primo de Joaquín Ramírez, ex secretario general del partido fujimorista, se encontró 100 kilos de cocaína. Además, cargan con la mayor afrenta y deshonor que podría existir: el padre Alberto Fujimori está purgando carcelería por asesino y ladrón.

Pero ahí no termina la mescolanza delincuencial, familiarmente hablando. Resulta también que los familiares directos por parte del padre están metidos, hasta el pescuezo, en latrocinios varios. Por eso, Juana, Rosa y Pedro Fujimori, así como el tío Víctor Aritomi Shinto, pusieron pies en polvorosa en vergonzosa huida a Japón llevándose consigo dinero peruano.

Si esa es la familia directa, la familia política no podía estar limpia de polvo y paja. Según un analista político 14 de los congresistas fujimoristas electos tendrían nexos directos con el narcotráfico. Además, el secretario general que acaba de dar un “paso al costado” Joaquín Ramírez, no solo es investigado por la DEA, sino también por la Fiscalía de la Nación por lavado de activos.

Habría que considerar también lo expresado por Ricardo Soberón, exjefe de Devida: “Nosotros hemos elaborado un listado de 10 casos históricos en los que el fujimorismo ha estado involucrado en casos ligados al narcotráfico, seis del fujimorismo antiguo y cuatro del fujimorismo actual”, precisó. “Estamos hablando desde el caso del tráfico de armas para las FARC, donde se cambiaba armas por cocaína, el caso del narcoavión presidencial, el caso Limasa, hasta los últimos casos, el caso Miguel Arévalo Ramírez, socio de Kenji Fujimori, en cuyo almacén se encontró droga y el de Joaquín Ramírez quien viene siendo investigado por la DEA”, acotó.

Frente a esta desgraciada situación, sería muy grave que, sin dar importancia a los vínculos del nuevo fujimorismo con el narcotráfico, se convalide, se ratifique, con el voto ciudadano, lo que se teme: un narcoestado peruano avalado socialmente.

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