Perú: Narcotráfico en el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro

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De pilotos a mochileros

Por Gustavo Gorriti y Romina Mella / IDL-Reporteros

La declamación poética no está de moda en estos tiempos, aunque algunos versos bien puestos siempre calzan bien. Pero aún para los partidarios del expresionismo declamatorio, las incursiones de los comandos del Ejército en las pistas de combate de la poesía sonarían sorprendentes.

Es la hora del crepúsculo en la base militar de Valle Esmeralda cuando arriba por helicóptero la visita de inspección del comandante del CE-VRAE, general EP César Astudillo y su comitiva militar y policial, que reportean los periodistas Romina Mella, Óscar Medrano y Gustavo Gorriti, de IDL-R y Caretas. La tropa formada espera al general Astudillo, al general EP Sergio Bendezú, jefe de la 31 Brigada de Infantería del Ejército, y al general Walter Sánchez Bermúdez, director de Operaciones Policiales de la PNP. Hay varios otros generales, no tantos como para hacer quórum en la Adogen, pero sí como para llegar fácilmente a los tres dígitos sumando años de servicio.

El general EP Sergio Bendezú, jefe de la 31 Brigada de Infantería del Ejército; y el general EP César Astudillo, jefe del CE-VRAE. Atrás, los generales PNP José Figueroa, jefe del Frente Policial del VRAE, y Walter Sánchez, director de Operaciones Policiales de la PNP.

Antes de entrar a la explanada del cuartel, un comando con polo negro, pintura de combate en el rostro, los músculos que produce el entrenamiento funcional, nos cierra el paso con expresión feroz y un puñal de hoja oscura, [para que no brille en la noche], apretado en la mano. La comitiva se detiene. El comando ruge una oración compleja, que lo obliga a modularla con la garganta en doble tracción, mientras el puñal permanece atento y silencioso, con la gente particularmente concentrada en su capacidad expresiva.

En posición de combate, puñal en ristre, el comando prosigue gritando roncamente su mensaje.

Resulta que se trata de una bienvenida, cuya cordialidad parece directamente proporcional a la ferocidad que la expresa. El general Astudillo, comando él mismo, veterano del conflicto del Cenepa y la operación Chavín de Huántar, la escucha complacido. Termina la bienvenida, el comando queda inmóvil y permite, sin enfundar el puñal, que se pase a su lado, hacia donde forma el contingente y donde otra bienvenida militar, más convencional aunque no menos marcial, está por comenzar.

Eso pasó en las primeras horas de un reportaje de seis días en el VRAE, que llevaron a cabo los periodistas de IDL-R y Caretas y que, en el curso de visitas a varias unidades militares, incluyó muchas otras expresiones de la vida en guarnición, ciertamente más rica y variada de lo que algunos rituales permitirían suponer: desde excelente panadería en lugares difíciles; esfuerzos bien organizados de reforestación; hasta nuevas formas de servicio militar que no separa a los lugareños de sus aldeas sino los mantiene en ellas, en un servicio no acuartelado que protege mejor a la gente a través de sus propios hijos, bien entrenados y disciplinados, con la ventaja de un conocimiento íntimo de su propio lugar y la mayor motivación por defenderlo.

El reportaje tuvo un objetivo principal: analizar la situación actual del narcotráfico en el Valle, especialmente luego de la eclosión de narcovuelos que provocó una aceleración del proceso de tráfico de drogas en todo el valle.

Ahora, mientras se eterniza la publicación del reglamento de la ley de protección del espacio aéreo promovida sobre todo por el congresista Carlos Tubino, en buena medida por la presión contraria de la embajada de Estados Unidos (es para no creerlo, pero así ha sido), el Gobierno intentó, formal e informalmente, varias medidas expeditivas.

• En algunas ocasiones, los helicópteros blindados de ataque Mi-25 y Mi-35, persiguieron a narcoavionetas bolivianas. Eso nunca fue reconocido ni oficial ni extraoficialmente por el Gobierno, pero aquí IDL-Reporteros documenta, en exclusiva, dos casos en los cuales uno de los blindados voladores, con extraordinaria potencia de fuego, que tienen las fuerzas de seguridad en el VRAE, siguió a narcoavionetas cargadas con droga. Los Mi-25 y Mi-35 pueden desarrollar igual o mayor velocidad que las avionetas, como se ve en estos vídeos; y está claro que, aunque las tuvieron a su merced, no las derribaron.

Después del susto memorable que deben haber pasado entonces, los narcopilotos prosiguieron con los vuelos, con el estímulo adicional que proporciona la impunidad.

• Hubo, sin embargo, ocasiones en las que narcoavionetas fueron atacadas a balazos por fuente no identificada. Ese fue, por ejemplo, el caso del piloto brasileño Asteclínio da Silva Ramos quien, junto con el colombiano Carlos Giraldo resultó herido y derribado por fuego procedente de tierra el 15 de abril, cerca al río Tambo. Rescatado y hospitalizado, Da Silva Ramos sostuvo haber sido derribado por las fuerzas de seguridad y ahora, desde la cárcel, ha denunciado judicialmente al CE-VRAE. César Astudillo niega haber ordenado el derribo y afirma que, por lo contrario, el personal bajo sus órdenes rescató y curó al brasileño.

• Dinamitar las pistas para desactivarlas es algo que se ha hecho en el Perú desde la década de los 80, el siglo pasado. Fracasó en todos los casos, porque resulta laboriosa, relativamente cara, y porque creaba una economía de veloces reparadores de pistas de aterrizaje, que agradecían cada desactivación puesto que representaba trabajo bien pagado para la comunidad.

• Pese a esos antecedentes, el Gobierno persistió en ordenar la voladura de pistas clandestinas. Un grupo de publicitadas voladuras se llevó a cabo a fines de diciembre de 2013. Veinte pistas fueron dinamitadas en un solo día [ver: “Interdicción de ‘narcovuelos’ en el VRAE”], pero muchas más no fueron tocadas. En pocos días, las pistas dinamitadas fueron habilitadas de nuevo y el tráfico volvió a su dinámico crecimiento.

• En uno de sus últimos viajes al VRAE, el 7 de marzo de este año, en el vuelo entre Llochegua y Tambo, el presidente Humala vio la gran cantidad de pistas de aterrizaje clandestino que pululaban en el VRAE, muchas de ellas cerca de bases militares. Al llegar a Tambo, donde lo esperaba el jefe del Comando Conjunto, almirante Jorge Moscoso, Humala le ordenó erradicar en forma inmediata los aeropuertos clandestinos, indicándole que en un próximo viaje suyo inspeccionaría el VRAE y que no quería encontrar ni una pista clandestina en funcionamiento. Moscoso recibió la orden y la trasmitió al comandante del CE-VRAE, general EP Astudillo.

Con órdenes claras, Astudillo organizó el quiebre de pistas con los métodos y criterios de una ofensiva militar; comprometió sus principales recursos y se lanzó a un tipo de acción que hasta ahora no había logrado éxitos en ninguna parte. Astudillo esperaba que esta fuera la primera vez.

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