Pablo Escobar fue dueño del Nacional de Medellín en los ochenta.
Pablo Escobar fue dueño del Nacional de Medellín en los ochenta.

 La connivencia de gobiernos e instituciones deportivas con respecto a organizaciones fraudulentas. Lavado de dinero, coimas, evasión fiscal, apuestas y sobreprecios son algunas de las prácticas que evidencian este vínculo.

Habitualmente se analiza el fútbol en tanto fuente de placer, de socialización, de aprendizaje de reglas y del respeto por el otro. Numerosos sociólogos y filósofos no dudan en atribuir al fútbol formidables cualidades (que indiscutiblemente posee y que justifican la pasión que desata en todo el mundo), sin señalar no obstante su paradoja central: se trata, por una parte, de una industria basada en un sistema supranacional. Todos estos negocios muestran que el fútbol funciona según el modelo de las empresas de tipo capitalista: su principal preocupación es conseguir el máximo beneficio. En general se respeta el verticalismo jerárquico, la ley del silencio y la filosofía de la obediencia a los jefes. Al mismo tiempo, el fútbol, como cualquier organización mafiosa, descansa en una estructura etnocéntrica, un sistema clánico, que organiza la reproducción de “padrinos” en el seno de las instituciones. Las diferentes “familias” del fútbol y, por así decirlo, participan en esos negocios poco claros.

EL DIAGNÓSTICO

“El fútbol es el mayor deporte del mundo”, asegura el informe difundido por el Grupo de Acción Financiera (GAFI) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en Julio de 2009 . De los 265 millones de jugadores que hay en todo el mundo, unos 38 millones son profesionales y cinco millones son árbitros, según datos de la FIFA de 2006.

Aunque no existen cifras oficiales sobre el monto total de dinero que mueve el fútbol, un informe de Deloitte citado por el diario español El Mundo, estima que sólo en Europa todo lo vinculado a este deporte profesional generó unos 13.800 millones de euros en el año 2007. De esta cantidad, 7.200 millones pertenecían a las primeras divisiones de las cinco grandes ligas (España, Italia, Alemania, Inglaterra y Francia).

Según el informe GAFI   la relación entre el fútbol y el crimen organizado “es más profunda y compleja de lo que se pensaba”, involucrando la evasión fiscal, el doping, las apuestas ilegales y hasta el tráfico de personas. La estructura del fútbol, sus métodos de financiamiento y la cultura dominante en el más popular de los deportes son puntos de atracción para el crimen organizado, según afirma el GAFI en el informe. Menciona que “estamos ante un mercado fácil de penetrar”, en el que suelen aparecer “funcionarios gubernamentales y sociedades” y “oportunidades de colusión entre el mundo honesto y el criminal”.

Las “complejas redes de accionistas”, la “falta de management profesional” y la “diversidad de las estructuras legales” se unen a “la ausencia de reglas y control que facilitan la adquisición de los clubes de fútbol”, agrega el informe.

El fútbol tiene “alta incertidumbre de resultados futuros”, pero deja “fuertes beneficios no materiales para quien invierte”, porque “los clubes están profundamente radicados en la sociedad” y representan una buena vía “para ingresar al establishment”.

Según la OCDE el fútbol ha pasado de ser “un deporte popular” a convertirse en “una industria global” que mueve miles de millones de dólares desde inicios de los años `90 por la inversión en derechos televisivos y publicidad corporativa.

FÚTBOL Y PODER

Ya en la década del treinta Benito Mussolini captó que el fútbol ofrecía mucho más que el mero espectáculo deportivo. Utilizó al fútbol como herramienta nacionalizadora y un método eficaz para distraer a las masas . Organizó el mundial 1934, ya que no pudo hacerlo en 1930 porque Uruguay se había ganado el derecho gracias a sus victorias olímpicas en 1924 (estadio de Colombes-París) y 1928 (Amsterdam). Aprovechó los éxitos deportivos de su selección en 1934 y en 1938 (Francia) en beneficio de la imagen de su régimen fascista. Campeonatos en los cuales existieron irregularidades tales como coimas a jueces, amenazas a rivales y hasta a los propios jugadores italianos con tal de que nada altere el resultado esperado.

Un caso similar se le puede adjudicar al triunfo de la selección argentina en el mundial que organizó en 1978 en plena dictadura militar, donde aprovecharon el éxito deportivo y todo lo que esto generaba mediáticamente para ocultar una enorme red de crímenes y violaciones a los derechos humanos que ocurrían en ese entonces.

Hace años que el fútbol atrae la atención de empresarios que ven en el control de los grandes clubes, muchas veces convertidos en sociedades anónimas, un trampolín para sus ansiadas proyecciones políticas. Un claro ejemplo de ese fenómeno es el actual primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, un ultraderechista y multimillonario zar del periodismo, dueño del club Milán y varias veces involucrado en casos de corrupción.

En Sudamérica existe el antecedente de Mauricio Macri (Actual Gobernador de la provincia de Buenos Aires), proveniente de una familia que se enriqueció durante el régimen militar y que aún sus empresas mantienen fuertes vínculos con el poder actual. A través de su gestión como presidente de Boca Junior catapultó sus aspiraciones políticas.

Fuente: Patrick Vassort y Paul Dietschy (Historiador).

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