MEDIO AMBIENTE

Mascota del Mundial de Fútbol en peligro de extinción

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abcEl Tolypeutes Tricinctus, más conocido como Quirquincho Bola o Tatú Bolita, es un “armadillo bolita” de 50 centímetros que, al sentirse en peligro, se recoge y con su duro caparazón forma una perfecta bola, de ahí su elección como mascota de la Copa del Mundo. La destrucción de su hábitat natural es la principal amenaza a su supervivencia.

Los científicos han pedido que la atención del mundo se centre en la situación de peligro en la que vive el Tatú Bolita, y que cada gol del Mundial se transforme en más protección para el armadillo que inspiró la creación de “Fuleco”: La mascota del Mundial de Brasil 2014.

Es así como la FIFA adoptó al “Tatú Bolita” como mascota, quizás convencida de que Brasil, país de enormes bosques y selvas, tenía que vincular la Copa del Mundo al medio ambiente y aprovechar el evento para proteger especies y ecosistemas en peligro.

Cerca de 2 millones de personas, entonces, votaron y bautizaron al pequeño armadillo, que se alimenta de hormigas, raíces y frutas, como “Fuleco”, combinación de las palabras “fútbol” y “ecología”.

Sin embargo, hasta el momento, “Fuleco” no ha pronunciado ningún mensaje ambiental, tampoco dice que está en peligro de extinción.

Como todo está envuelto bajo el manto mercantil, la FIFA ha autorizado a poderosas empresas para la venta de productos con “Fuleco”, incluido un millón de peluches que, con toda seguridad, dejarán millonarias ganancias, pero que ni un centavo irá a la protección del Tatú Bolita.

Curándose en salud, la FIFA ha declarado, a través de un comunicado, que la mascota no está siendo “usada para promover mensajes ambientales específicos”, pero también afirma que al “Haber elegido a Fuleco como mascota oficial ha ayudado a aumentar la conciencia en Brasil en torno al armadillo bola y su estatus como especie vulnerable”. Deberíamos contentarnos, entonces, con solo esto último.

Pero, felizmente, ya se inició una provocadora campaña en la que, los científicos brasileños vinculados al Instituto de Biodiversidad ICMBIO, están reclamando, a la FIFA y al gobierno, que cada gol del Mundial sea transformado en mil hectáreas de protección de la Caatinga, hábitat destruido del armadillo Tatú Bolita.

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