FOTO AAEra previsible un resultado pobre. Y aunque estuvo a punto de un total fracaso, la Cumbre de Doha, a última hora y luego de haber prolongado su clausura, logró lo mínimo: prorrogar el Protocolo de Kioto.

Y, postergando los acuerdos más interesantes, varios países se apartaron del acuerdo. Sorteando la amenaza de Polonia, de bloquear cualquier acuerdo, finalmente los delegados de los 194 países reunidos en Doha, Catar, acordaron la prórroga del Protocolo de Kioto, que expiraba este mes, hasta el año 2020, pero bajo determinadas condiciones. Por ejemplo, los países más ricos revisarán sus metas de reducción de gases el 2014, mientras que los países en desarrollo postergarán hasta 2013 sus exigencias de mayor ayuda financiera para contrarrestar los efectos que ha causado el calentamiento global.

El Protocolo de Kioto es, por ahora, el único plan vinculante que fuerza a los países que se han adherido a él a cumplir metas determinadas para detener el efecto invernadero. La extensión alcanzada en Doha obliga básicamente a la Unión Europea, Noruega y Australia a reducir sus emisiones. Países como China, Brasil e India no están incluidos, pese a su incidencia económica.

Países como las Islas Maldivas son los más afectados con la falta de ambición en los acuerdos climáticos.

El problema es que los países que firmaron apenas aportan el 15% de los gases que provocan el efecto invernadero. Estados Unidos, el mayor productor de contaminantes del mundo, no está en ese grupo y nunca ha estado, mientras que Rusia, Canadá, Nueva Zelanda y Japón se retiraron de él en esta reunión. Todo eso redunda en un resultado más bien escuálido para una cumbre que se extendió un día más de lo previsto para que no terminara en un completo fracaso.

Las esperanzas ahora están cifradas en un nuevo acuerdo que podría alcanzar la ONU el 2015, que debiera ser más ambicioso e incluir a todos los países que esta vez se negaron a la firma.

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